DEVOCIONAL
LA DECISIÓN DE PERDONAR
Mateo 18:21-33
“Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: −Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? −No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces* −le contestó Jesús−. “Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al comenzar a hacerlo, se le presentó uno que le debía miles y miles de monedas de oro. Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía, para así saldar la deuda. El siervo se postró delante de él. ‘Tenga paciencia conmigo −le rogó−, y se lo pagaré todo.’ El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad. “Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. ‘¡Págame lo que me debes! Su compañero se postró delante de él. ‘Ten paciencia conmigo −le rogó−, y te lo pagaré.’ Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido. Entonces el señor mandó llamar al siervo. ‘¡Siervo malvado! −le increpó−. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?’”.
¿Cuántas veces, antes de desatarnos en juicios y renegar por lo que otro nos hizo, nos detenemos a pensar en todo lo que Dios nos ha perdonado?
¿Cuántas veces nos preguntamos, si lo que nos han hecho es peor que torturar y asesinar a nuestro propio hijo frente a nuestros ojos?
¿Cuántas veces le hemos perdonado a la misma persona la misma falla miles de veces, sabiendo incluso que −a lo mejor sin premeditarlo− volverá a cometerla?
Por qué si Dios, siendo el único perfecto, el único digno de juzgarnos, el único que sabe a ciencia cierta todo lo que hemos hecho, no nos juzga y en cambio nos perdona sin reparos, ¿tenemos que actuar de manera diferente?
Malas noticias para quienes están esperando que su infractor venga y se postre hasta que desaparezcan sus rodillas, sólo porque creen que tienen la razón en estar enojados: el perdón, es un principio bíblico por excelencia, fue una de las máximas más recurrentes en los profetas del antiguo testamento, así como en los apóstoles y en el mismo Señor Jesucristo.
Perdonar es tratar a los demás como Dios nos trata a nosotros, así que es simplemente la continuación de lo que ya hemos recibido, aún sin merecerlo, de quien fue llamado Cordero sin mancha y Pan de vida.
Francisco de Asís, refiriéndose al perdón, dijo: “Que no haya en el mundo ningún hermano que, por mucho que hubiera pecado, después de haberte mirado a los ojos pidiéndote perdón, se aleje de ti sin que se lo hayas concedido. Y si no lo pidiera abiertamente, pregúntale si desea el perdón. Y si mil veces volviera a pecar, inclusive en tu presencia, ámalo más de lo que me amas a mí, porque de este modo lo ayudarás a volver al Señor; y ten siempre compasión de personas como él”.
Para quienes visten orgullosos su bandera de cristianos, es fundamental que recuerden que la capacidad de perdonar es la llave que abre la comunión con Dios, porque no se puede ser libre para hablar con Él si cargamos rencor en el corazón: “Y cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados” (Marcos 11:25).
En la oración base que Jesús consignó en su Palabra como modelo idóneo para dirigir todas nuestras plegarias, y que hoy conocemos como ‘El Padre Nuestro’, indicó lo siguiente: “Ustedes deben orar así: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno” (Mateo 6:9-13).
Reconocer a Dios como nuestro Padre y a su Reino, santificar su Nombre, desear y aceptar su voluntad, reconocer que Él nos provee lo necesario, pedirle perdón y disculpar a nuestros hermanos por sus ofensas y rogarle para que nos de la fortaleza de no caer en tentaciones. Estos son los pasos que Dios mismo nos indicó para dirigirnos a Él; vale la pena reflexionar sobre cuántos de ellos cumplimos de corazón cuando nos disponemos para orar.
Dios no es la ‘lámpara de Aladino’ que sólo nos sirve para pedirle que satisfaga nuestros deseos, sean cuales sean, para después pretender que desaparezca cuando intenta formar carácter y disciplina en nosotros.
ESCRITO POR LUZ MARÍA URIBE ESCOBAR
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¿TE HAS PREGUNTADO QUÉ DEBES HACER PARA TENER UNA RELACIÓN PERSONAL CON JESÚS?
1. Recibir a Jesucristo como tu Señor y salvador personal, por medio de la oración de fe:
“—SEÑORES, ¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA SER SALVO? —CREE EN EL SEÑOR JESÚS; ASÍ TÚ Y TU FAMILIA SERÁN SALVOS —LE CONTESTARON”. (HECHOS 16:30B-31).
“«LA PALABRA ESTÁ CERCA DE TI; LA TIENES EN LA BOCA Y EN EL CORAZÓN.» ÉSTA ES LA PALABRA DE FE QUE PREDICAMOS: QUE SI CONFIESAS CON TU BOCA QUE JESÚS ES EL SEÑOR, Y CREES EN TU CORAZÓN QUE DIOS LO LEVANTÓ DE ENTRE LOS MUERTOS, SERÁS SALVO. PORQUE CON EL CORAZÓN SE CREE PARA SER JUSTIFICADO, PERO CON LA BOCA SE CONFIESA PARA SER SALVO. Así dice la Escritura: «TODO EL QUE CONFÍE EN ÉL NO SERÁ JAMÁS DEFRAUDADO»”. (ROMANOS 10:8B-11).
Esto es lo que le debes decir con voz audible a Jesús, creyéndolo en tu corazón: “SEÑOR JESÚS, YO CREO EN TI, CREO QUE TÚ ERES DIOS, QUE TE HICISTE HOMBRE POR MÍ Y MORISTE EN LA CRUZ POR MIS PECADOS. TE PIDO PERDÓN POR TODOS ELLOS, RECONOZCO QUE HE COMETIDO MUCHOS. HOY TE ABRO LA PUERTA DE MI VIDA Y TE INVITO A ENTRAR. TOMA CONTROL DE ELLA Y HAZ DE MÍ LA PERSONA QUE TÚ QUIERES QUE YO SEA”.
2. Lo siguiente que debes es leer su Palabra, la Biblia:
"Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero" (Salmos 119:105).
3. Debes proponerte orar con la mayor frecuencia que puedas (la idea es que puedas llegar a hacerlo diariamente y en las mañanas):
"Atiende, Señor, a mis palabras; toma en cuenta mis gemidos. Escucha mis súplicas, rey mío y Dios mío, porque a ti elevo mi plegaria. Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos, y quedo a la espera de tu respuesta" (Salmo 5:1-3).
4. Congregarte.
“La comunidad de los creyentes
Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas. Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos” (Hechos 2:41-47).
Debes asistir a una Iglesia de sana doctrina, es decir, cristiana: católica, protestante u ortodoxa. En esta página seguimos una filiación protestante o evangélica, corriente que recomendamos para los creyentes pues es -en nuestro concepto- la que se ajusta más fielmente a la palabra de Dios.
5. Iniciar un proceso de consejería en la Iglesia con miras a realizar sanidad interior, que es un procedimiento especial para sanar todas las heridas del pasado y avanzar con nuestra alma y nuestro espíritu sanos hacia una mejor relación con el Señor.
“Al necio le parece bien lo que emprende, pero el sabio atiende al consejo” (Proverbios 12:15). “El orgullo sólo genera contiendas, pero la sabiduría está con quienes oyen consejos” (Proverbios 13:10). “Cuando falta el consejo, fracasan los planes; cuando abunda el consejo, prosperan” (Proverbios 15:22). “Atiende al consejo y acepta la corrección, y llegarás a ser sabio” (Proverbios 19:20). “Afirma tus planes con buenos consejos; entabla el combate con buena estrategia” (Proverbios 20:18).
Lo que sigue de acá en adelante (servir, etc.) surgirá espontáneamente de tu corazón, una vez tengas establada tu relación con el Señor.
Siempre ten presente que tu opción por Jesús es la mejor decisión de tu vida. Estás tomando la mejor decisión: no desfallezcas ante ningún obstáculo, y pronto comenzarás a ver los resultados.
“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11).
ESCRITO POR LUZ MARÍA URIBE ESCOBAR
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EL BARBERO
Como es costumbre en estos casos, entabló una amena conversación con la persona que lo atendía. Hablaron de muchas cosas, hasta que tocaron el tema de Dios.
Entonces el barbero dijo:- “Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice”. - “Pero, ¿por qué dice usted eso?” -. Pregunta el cliente.- “Pues es muy fácil: basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe. O, dígame, ¿acaso si Dios existiera habría tantos enfermos?, ¿ niños abandonados? Si Dios existiera no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. Yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas”.
El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería, vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo. Al parecer, hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado.
Entonces el cliente entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero:- “¿Sabe una cosa? Los barberos no existen”.- “¿Cómo que no existen?” - pregunta el barbero. – “¡Si aquí estoy yo y soy barbero!” - “¡No! - dijo el cliente -, no existen, porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle”.- Ah, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mí.- “¡Exacto! -dijo el cliente-. Ese es el punto. Dios sí existe, lo que pasa es que las personas no van hacia Él y no lo buscan, por eso hay dolor y miseria.
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Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN...
Anne Graham respondió: “Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por este suceso, pero durante años hemos estado solicitándole que se salga de nuestras escuelas, que se salga de nuestro gobierno y que se salga de nuestras vidas”.Y siendo Él todo un caballero, creo que se ha retirado tranquilamente.
¿Cómo podemos esperar que nos dé su bendición y su protección cuando le hemos solicitado que nos deje estar solos?".A la luz de ciertos sucesos recientes (ataques de terroristas, balaceras en las escuelas, etc.), creo que todo comenzó cuando Madeleine Murria O'Hare se quejó porque no quería que se orara en nuestras escuelas. Y dijimos que estaba bien. Ella fue asesinada y hasta hace poco se descubrió su cuerpo.
Luego alguien dijo que mejor no se leyera la Biblia en las escuelas. La Biblia dice “no matarás, no robarás, amarás a tu prójimo como a ti mismo”, etc. Y dijimos que estaba bien.
Luego el Dr. Benjamín Spock dijo que no debíamos reprender enérgicamente a nuestros hijos cuando se portan mal porque sus pequeñas personalidades se truncarían y podríamos lastimar su autoestima. Dijimos que los expertos sabíen lo que estaban diciendo. Y dijimos que estaba bien. El hijo del Dr. Spock se suicidó.
Luego alguien dijo que los maestros y directores de los colegios no deberían disciplinar a nuestros hijos cuando se portan mal. Los administradores de las escuelas ordenaron a los docentes abstenerse de tocar a ningún estudiante que se esté comportando mal, para evitar publicidad negativa y por supuesto demandas (hay una gran diferencia entre disciplinar y tocar, golpear, cachetear, humillar, patear, etc.). Y dijimos que estaba bien.
Luego alguien dijo: “dejemos que nuestras hijas aborten si quieren, y ni siquiera tienen que decírselo a sus padres”. Y dijimos que estaba bien.
Luego uno de los consejeros de la Secretaría de Educación opinó que, como los muchachos siempre van a ser muchachos y de todos modos van a tener sexo, démosle a nuestros hijos todos los condones que quieran para que puedan divertirse al máximo, y no tenemos que decirle a sus padres que se los dimos en la escuela. Y dijimos que estaba bien.
Luego algunos de nuestros principales funcionarios públicos dijeron que no importa lo que hacemos en privado mientras cumplamos con nuestro trabajo. Estuvimos de acuerdo con ellos y dijimos: “no nos importa lo que nadie, incluyendo el Presidente, haga en su vida privada mientras tengamos un trabajo y la economía esté bien”.
Luego alguien dijo: “vamos a imprimir revistas con fotografías de mujeres desnudas y decir que esto es una apreciación sana y realista de la belleza del cuerpo femenino”. Y dijimos que estaba bien.
Y luego alguien llevó más allá esa apreciación y publicó fotografías de niños desnudos, llevándola aún más allá cuando las colocó en Internet. Y dijimos que estaba bien. Ellos tienen derecho a su libertad de expresión.
Luego la industria de las diversiones dijo: “hagamos show por televisión y películas que promuevan lo profano, la violencia y el sexo ilícito”. Y dijimos que estaba bien.
Otro dijo: “grabemos música que estimule las violaciones, las drogas, los suicidios y los temas satánicos”. Y dijimos que estaba bien.
Y dijimos: “no es más que diversión, no tiene efectos negativos, de todos modos nadie lo toma en serio, así que adelante”. Y dijimos que estaba bien.
Ahora nos preguntamos: ¿Por qué nuestros niños no tienen conciencia? ¿Por qué no saben distinguir entre el bien y el mal? ¿Por qué no les preocupa matar a desconocidos, a sus compañeros de escuela, o a ellos mismos?
Probablemente, si lo pensamos bien y despacio, encontraremos la respuesta. Creo que tiene mucho que ver con: "LO QUE SEMBRAMOS ES LO QUE RECOGEMOS".
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PANTALONES MOJADOS
Así que agacha su cabeza y ora: “Querido Dios, ¡esta es una emergencia! ¡Necesito ayuda ahora! Dentro de cinco minutos estoy muerto”.
Al incorporarse, después de su oración, ve venir a la maestra con una mirada que dice que ha sido descubierto. Mientras camina hacia él, una compañera de nombre Susie va cargando un pez dorado en un acuario lleno de agua. Susie se tropieza frente a la profesora e inexplicablemente derrama toda el agua en el regazo del muchacho.
El niño aparenta estar enojado, pero al mismo tiempo está diciendo dentro de sí: “¡Gracias Señor! ¡Gracias Señor!” Ahora, de repente, en lugar de ser ridiculizado, el niño es objeto de simpatía. La profesora lo lleva rápidamente abajo y le hace poner unos shorts de gimnasia mientras se secan sus pantalones. Todos los otros niños están arrodillados limpiando alrededor de su pupitre. La simpatía es maravillosa. Pero ahora, el ridículo que le habría tocado enfrentar, fue pasado sobre alguien más: Susie. Ella trata de ayudar, pero le dicen que se quite: “Has hecho suficiente, ¡torpe!”.
Al final de la jornada, mientras están esperando el bus, el niño se dirige a Susie y le dice en secreto: “Lo hiciste a propósito, ¿verdad?”. Susie le responde: “Yo también me oriné en los pantalones una vez”.
Todos y cada uno de nosotros está pasando por momentos difíciles ahora mismo. Pero Dios está alistándose para bendecirte de una manera que sólo Él puede. Conserva la fe.
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!”. Efesios 2:4-5.
“¡Alaben al Señor porque él es bueno, y su gran amor perdura para siempre!”. 1 Crónicas 16:34
“Pues tu amor es tan grande que llega a los cielos; ¡tu verdad llega hasta el firmamento!”. Salmos 57:10
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EL ABOGADO
Lo primero que recuerdo es que estaba sentado sobre una banca, en la sala de espera de lo que imaginaba era una sala de jurados. La puerta se abrió y se me ordenó sentarme en la banca de los acusados.
Cuando miré a mi alrededor, vi al fiscal, quien tenía una apariencia de villano y me miraba fijamente; era la persona más demoníaca que había visto en mi vida. Me senté, miré hacia la izquierda y allí estaba mi abogado: un caballero con una mirada bondadosa cuya apariencia me era familiar.
La puerta de la esquina se abrió. Su presencia demandaba admiración y respeto. Yo no podía quitar mis ojos de Él. Se sentó y dijo: "Comencemos".
El fiscal se levantó y dijo: "Mi nombre es Satanás y estoy aquí para demostrar porqué este individuo debe ir al infierno". Comenzó a hablar de las mentiras que yo había dicho, de las cosas que había robado en el pasado cuando engañaba a otras personas. Satanás habló de otras horribles cosas y perversiones cometidas por mí, y entre más hablaba más me hundía en mi silla de acusados.
Me sentía tan avergonzado que no podía mirar a nadie, ni siquiera a mi abogado, mientras que Satanás mencionaba pecados que hasta había totalmente olvidado. Estaba tan molesto con Satanás por todas las cosas que estaba diciendo de mí, y con mi abogado quien guardaba silencio.
Yo sabía que era culpable de las cosas que me acusaban, pero también había hecho algunas cosas buenas en mi vida. ¿No podrían esas cosas buenas por lo menos equilibrar lo malo que había hecho?
Satanás terminó con furia su acusación y dijo: "Este individuo debe ir al infierno, es culpable de todos los pecados y actos que he acusado, y no hay ninguna persona que pueda probar lo contrario, por fin se hará justicia este día".
Cuando llegó su turno, mi Abogado se levantó y solicitó acercarse al juez, quien se lo permitió, haciéndole señas para que se acercara pese a las fuertes protestas de Satanás.
Cuando se levantó y empezó a caminar, lo pude ver en todo su Esplendor y Majestad. Hasta entonces me di cuenta de porqué me había parecido tan familiar, era Jesús quien me representaba, Mi Señor y Salvador.
Se paró frente al juez y, suavemente, le dijo: “Hola Padre”, y se volteó para dirigirse al jurado, diciendo: "Satanás está en lo correcto al decir que este hombre ha pecado, no voy a negar esas acusaciones. Reconozco que el castigo para el pecado es muerte y este hombre merece ser castigado".
Respiró Jesús fuertemente, se volteó hacia su Padre y con los brazos extendidos proclamó: "Sin embargo, yo di mi vida en la cruz para que esta persona pudiera tener vida eterna y él me ha aceptado como su Salvador, por lo tanto es mío".
Mi Salvador continuó diciendo: "Su nombre está escrito en el libro de la vida y nadie me lo puede quitar. Satanás todavía no comprende que este hombre no merece justicia sino misericordia".
Cuando Jesús se iba a sentar, hizo una pausa, miró a su Padre y suavemente dijo: “No hace falta hacer mas nada, ya yo lo he hecho todo”.
El juez levantó su poderosa mano, y golpeando la mesa fuertemente, las siguientes palabras salieron de sus labios: “Este hombre es libre, el castigo para él ha sido pagado en su totalidad, caso concluido”.
Cuando mi Salvador me conducía fuera de la corte, pude oír a Satanás protestando enfurecido: "No me rendiré jamás, ganaré el próximo juicio".
Cuando Jesús me daba instrucciones hacia donde me debía dirigir, le pregunté: ¿Ha perdido algún caso? Jesús sonrió amorosamente y dijo: “Todo aquel que ha recurrido a mí para que lo represente, ha obtenido el mismo veredicto tuyo: Pagado en su totalidad”.
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